Primeras impresiones sobre el curso:
1) El profesor
2) Lo aprendido hasta ahora
3) ¿has escrito algo?, ¿sobre qué?
4) ¿En qué te fijas más ahora en el momento de escribir sobre cualquier tema propuesto?
5) ¿Qué nuevas estrategias o trucos has aprendido cuando se trata de escribir una historia?
ANIMATE y escribe aquí tus opiniones y comentarios sobre todo lo referente al curso
Saludos,
Fara
(coordinadora del proyecto en CEPA Santa Lucía)
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16 comentarios:
Hola alumnos y profesores de Vecindario; soy Fernando Castro, profesor del Cepa Agüimes-Ingenio y también coordino el proyecto Grundtvig en este municipio.
Los animo a que escriban muchas historias, que seguro las tendrán divertidas e intresantes.
¡Hasta la próxima!
Hola soy José Manuel Guedes el profe de informática, ayudaré al grupo a poner sus historias en el blog. Me siento tremendamente orgulloso de formar parte de este proyecto. Un saludo
12 de febrero de 2007
Hola soy Mariela pertenezco al CEPA de Ingenio-Agüimes, al menos por este año, ya que espero terminar este año. Tengo 18 años aunque ahora el 14 de febrero cumplo los 19, y este año se me pasó volando. Soy argentina, pero me crié en Uruguay. Bueno yo los dejo por aquí, espero que escriban algo, así conocemos gente nueva.
chau...
Hola!
Soy Vanesa y estoy en el CEPA de Agüimes-Ingenio, estoy aca por dos motivos uno porque cuando me vine de argentina en el 2003 me retrasaron un año y el año pasado dejé 4º, no pude seguir en el instituto por tener ya los 18 años...
Ahora estoy sacandome el graduado acá y me va mucho mejor que en el insti, espero poder terminarlo este año!
Bueno aver si escriben algo no sean tan vag@s!!....
Chau!!(K)
Benidicta González Moreno
Mi infancia contar de ella , que fue dura pero bonita dentro de la humildad con la que fui criada me pudieron dar un poco de educación para poder caminar por la vida. Una anécdota para contar dentro de esta vida podría ser que soy la hermana número cuatro de nueve hermanos al parecer fui bastante obediente pero algo traviesa . Mi medre solía mandarme a llevaba la comida a mi padre al trabajo y yo por el camino hacia de las mías no llegaba toda los personajes que me encontraba en el camino. Mi vocación de profería me impulsaba a dar clases a todos los animalillos del pueblo. Me lleve bastantes gritos de mi madre ella es muy estricta tenemos caracteres muy diferentes. Pero creo que en el fondo no te he sido mala hija
PD : Soy muy padrera
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Cuando tenia ocho años. Vivía en Tauro un municipio de. Mogan mis padres trabajaban en los tomateros. Los levantaba por la mañana temprano me dejaba en la choza para cuidar a tres de mis hermanos me dejaba la comida para que se las diera. Me decía Beni : cuado llegue el sol a esta marca se la das. Pero nosalio el sol. Porque estaba nublado mis hermanos lloraban y yo también que hice lo que le veía hacer a mi madre. A cada uno les amasé dos plátanos y cuando ella llego estaban dormidos. Pero yo estaba muy asustada por si les pasaba algo
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Yo fui muy poco a la escuela me gustaba mucho estudiar. Tenia que compartir el lapíz y la goma con mis hermanos y cuando ya supe leer un poco la cartilla. Cuando llegué a mi casa muy contenta mis padres me díjeron : No puedes ir mas a la escuela tienes que cuidar a tus hermanos y llevar la comida a tu padre a los tomateros. Cuado Veía a mis amigas pasar para la escuela con la cartilla en la mano yo me escondía para no verla y me ponía a llorar siempre mi ilusión era tener una maleta de cartón que tenia una niña y ella me la prestaba para llevarla un poquito. Un día fui a llevar la comida a mi padrea los tomateros era muy lejos y yo tenia miedo porque hacia viento y tierra que me movía el cuerpo mi madre me dijo sigue al hombre del burro que el llega adonde esta tu padre. No me gusta contar esta cosa por que me da mucha tristeza. Pero hoy tengo maleta muchos lápiz y goma voy a clase todos los días dos horas pero no paso de curso. Soy muy feliz todo el día corriendo para ir a colegio y los martes llevo a mi madre que tiene ochenta y tres años ella las controla a todas que cuando sale me dice el martes me tres otra ves Beni.
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Me acuerdo cuando vino la cigarra que estaba en los tomateros mis hermanos y yo. A los pequeños los metieron en la choza y los grande los puso a echara leña. En un bidón y le dio fuego que se mancharon se posaban en cima de uno hacían ruido con sus aletas. Contaban las personas mayores que venían en grupo por el mar yo no quiero recordar esos días porque no era sino humo en aquel barranco todos los trabajadores pegando fuego y tocando los cacharros para que se fueran. Ese año no hubo zafra por que se comieron todas las flores de los tomateros, pimientos, berenjenas. Cuando se marcharon daba mucha tristeza ver los cultivos todos estropeados todos quemados. Recuerdo que un día mi madre me dijo be a la escuela que hoy reparte el queso y leche y a las once te bienes para llevar la comida a tu padre. Yo tan contenta ese día que me comía la leche en polvo que se me pegaba del paladar que paresia un burra vieja masticando. Me fui a un barranco las janeas cuado iba llegando a donde estaba mi padre sentí un ruido y era las cigarras y mi padre me dijo gracias mi niña que no te cogieron por el camino y puso el cesto de la comida en la choza y no comió. Cogió un rueda vieja de un camión y le pego fuego me dijo no salgas de la choza que yo vengo pronto y yo me comí un poco de su comida dos dátiles y un poco de pan hasta por la tarde que nos veníamos para la casa que era una hora caminando .
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El viento que decir de el. Tan molesto a veces pero tan necesario en ocasiones. Por la zona en la que vivimos nosotros estamos acostumbrados a él la verdad que se pasan momentos angustiosos a veces. De todas formas cada vez parece que su intensidad es menor, como hay más casas y edificios eso nos ayuda a sentir lo menos, pero antiguamente era mortal.Sólo habían invernaderos y plantaciones agrícolas y ahí si que se pasaba fatal.Cuando yo era pequeña mis padres si que tuvieron malas experiencias con esas rachas de viento. De todas formas hay que mirar a veces lo positivota tambien de ellos se llaman alisios y nos ayudan a tener aturismo de de actividades relacionadas con ellos por ejemplo el surj vela paracaidismo y un punto tambien importante es la energia eolica que nos proporciona.
Ana Santana Quintana
LA HISTORIA DE MI VIDA
Mi padre era un hombre de campo, labrador. Vivía sólo con su mujer y su perro porque sus hijos estaban casados y lejos.
Todos los días salía de casa temprano con su perro para atender las tierras y los animales. Un día de invierno gris y lluvioso salió de casa, como todos los días, a atender los animales y fue a dar una vuelta por el estanque que estaba llenando con el agua de la lluvia.
Cuando estaba subiendo para asomarse al estanque cayó para atrás y se dio un golpe en la espalda. Se incorporó como pudo y siguió andando con mucha dificultad. Pasito a pasito pudo llegar hasta el corral donde tenía sus animales y como pudo les puso la comida, cada vez andaba con más dificultad.
De repente empezó a llover muy fuerte y él sentía tanto dolor que tuvo que entrar en una pequeña cueva hasta que pasara el rocío. Cuando quiso volver a caminar, el dolor era tan fuerte que no pudo incorporarse. Él miraba a su perro, Moro, y el perro lo miraba a él e intentaba levantarlo pero no podía.
El perro lo dejó sólo y salió aullando.
Cuando llegó a la casa le tiraba de la ropa a su mujer. Al ver que el perro estaba tan inquieto, ella sabía que algo grave pasaba. Le dijo -¿Qué pasa Moro?- y siguió al perro que corría nervioso.
Cuando llegaron a la cueva, él estaba medio inconsciente y desvanecido del dolor. Su mujer tuvo que pedir ayuda a los vecinos porque en aquella época no había teléfono ni coche en aquel barrio pobre y alejado de todas las comodidades.
Cuando llegó al hospital le dijeron que tenía tres costillas rotas y que una le afectaba el pulmón, por lo que se puede decir que su perro le salvó la vida.
Estuvo dos semanas en el hospital y en ese tiempo su mujer y el perro se quedaron atendiendo a los animales y los hijos estaban en casa. Su mujer se pasaba el tiempo llorando y casi no comía por la pena de no poder estar a su lado. El perro olía la comida y apenas comía, miraba a la mujer llorar y le corrían las lágrimas por sus mejillas.
Cuando regresó a casa todos estaban contentos pero el perro daba saltos de alegría.
Este es un hecho real que sucedió en los años sesenta en un barrio de San Bartolomé de Tirajana llamado La Plata. Pero, empecemos por el principio.
En ese pequeño barrio, en un caluroso día de verano, el 26 de julio de 1943 en una familia humilde tuvo lugar un nacimiento. A primeras horas de la mañana mi madre se ponía de parto. Con la ayuda de mi padre y una vecina, que hacía de comadrona en el barrio, nació una niña pequeña y delgaducha a la que mis padres decidieron ponerle de nombre Ana, ya que nació el día de Santa Ana. Esa niña era yo, soy la menor de seis hermanos, tres varones y tres hembras.
En aquellos años se estaban viviendo muy malos momentos económicos en nuestro país, porque acababa de terminar la Guerra Civil Española, guerra que nos había dejándo a todos hundidos en la miseria. Fueron tiempos muy difíciles y había que luchar duro para poder sobrevivir.
Había un documento que llamaban la cartilla de racionamiento o de la requisa. Con esa cartilla sólo podías asociarte en una de las tiendas del pueblo para que cuando los grandes almacenes, una vez al mes, enviaran los pocos alimentos que habían, se repartieran entre los socios del comercio en pequeñas cantidades. Aunque tuviera dinero, sólo podías comprar lo poco que te correspondía por ley. Como siempre, el más pobre era el menos que alcanzaba. Como en todos los sitios había amigos a los que se les vendía más, pero no de cara al público, pues la situación era bien difícil.
También habían otros medios, después del reparto podías comprar al estraperlo, como aquí se decía, pues los comerciantes, cuando hacían el reparto de la cartilla, siempre les quedaba algo para venderlo al doble o más de lo que valía el producto. Si tenías medios no dudabas en comprarlo, pues todo era mejor que quedarte sin comer.
Mi madre estaba delicada de salud, pero me sentía una niña feliz rodeada de cariño y no entendía nada de los que pasaba a mi alrededor, todo lo veía de color de rosa. Pero mi vida cambió de repente. Con sólo seis añitos, era una niña huérfana de madre y dejé de ser aquella niña alegre y juguetona y me convertí en una niña triste. Echaba mucho de menos aquellas caricias y los mimos que sólo una madre con su ternura puede dar. Aquellos fue muy fuerte pero había que seguir adelante.
Mi padre era un hombre muy luchador, pero en aquellos años tan difíciles para todos él lo tenía complicado. Al quedarse viudo, tenía que hacer de padre y madre, sacar a su familia adelante y cuidar de seis niños pequeños, pues la mayor sólo contaba con catorce añitos.
Obligado por las circunstancias dejó su trabajo y nos trasladamos al sur de nuestra isla para cultivar tomateros. Era el mejor camino a seguir, cuidaba de sus hijos y a la vez había trabajo para todos. Yo. Con sólo seis años, repartía las tiras de plataneras y el agua para beber y recogía leña para cocinar.
En Gran Canaria también se cultivaban las plataneras, que después de dar su fruto, su tronco se utilizaba para hacer tiras para amarrar los tomateros. Éste se deshojaba y se ponía a secar, luego se ponían de remojo en un pequeño embalse que llamaban la tanqueta de las tiras. En una madera gruesa y fuerte se clavaban tachas de acero y se hacía como un peine para el pelo. Este artilugio se sujetaba con grandes piedras ya que tenía que soportar la fuerza que se empleaba para tirar de ellas. Se introducía la hoja de platanera sacada del tronco y se tiraba de ella, convirtiéndola en tiras para amarrar los tomateros. Este trabajo lo hacía mi padre por las noches después de dejarnos en casa, o bien de madrugada aprovechando la luz de la luna.
No había luz eléctrica, ni agua potable que había que traerla desde muy lejos en cacharros de pintura de 20 y 25 litros en la cabeza, y cuando hacía viento llegábamos a casa con el cacharro medio vacío y mojadas porque el agua que caía sobre nosotros. También había que buscar leña para cocinar.
En los cultivos no había escuela, sólo las cuarterías donde habitaban los aparceros. Había un muchacho de Santa Lucia que había estudiado por que el que ría ser guardia civil y se ofreció para dar clases gratuitas por las noches, a todos los que quisieran asistir. A Caramelo, que así se llama, le gustaban mucho las matemáticas y gracias a él aprendí todo lo que sé de números.
Año tras año, en la primavera, regresábamos a casa a nuestro pequeño barrio. La vida allí era más fácil, nos reuníamos con la familia y los amigos. Íbamos a clase una o dos semanas pues cuando nosotros llegábamos el curso estaba a punto de acabar. El verano era para nosotros como unas vacaciones. Mi padre junto con mis hermanos mayores recogían, en el mes de junio, la siembra que se hacía en verano. Teníamos unos terrenos donde sembrábamos trigo, cebada, centenos, lentejas y chícharos. En casa teníamos un molino de piedra manual donde, después de haber tostado los cereales, los convertíamos en gofio, un alimento imprescindible en Canarias. Sin el gofio y el sol los canarios no podríamos vivir. Además teníamos un orno donde también amasábamos el pan.
Estando en mi barrio, un día de verano, mis hermanas estaban cosiendo y me mandaron a comprar una peseta de agujas. En mi barrio no había tiendas sino un señor que vivía, a un kilometro mas o menos retirado de mi casa y que una vez por semana se recorría el barrio con una cesta grande de caña cargada sobre sus hombros en la que vendía azúcar, café hilos, agujas, colonia a granele que media con una pequeña medida a peseta el centímetro. También vendía alpargatas, tabaco y otros productos de primera necesidad que los vecinos pagaban con los huevos de las gallinas. El resto de los dais ibas a su casa si te faltaba algo pues la tienda mas cerca estaba a 1hora y media de camino yo fui a buscar una peseta de agujas y el hombre melas envolvió en un papel y me dijo. Agárralas fuerte que se te pierden. Yo apreté el papel y salí corriendo. Cuando llegue a casa, mis hermanas abrieron el papel y no había ni una aguja. Se enfadaron conmigo y yo salí sin decir nada y fui a buscar las agujas y. La en contre todas de una en un, con el sol en el suelo del camino, brillaban tanto como si fueran de oro, y regrese con las agujas trabadas en la ropa.
En el año 1951 llegaba a Canarias una invasión de cigarras procedentes de África que cruzaban el océano apiñadas en grandes bolas que llegaban a tierra y se esparcían dejando las doradas arenas de nuestras playas teñidas de rojo. De ahí salían en grandes bandadas al interior de la isla. Parecían una nube espesa que dificultaba la luz del sol.
Yo contaba con sólo 8 años, y aquello me daba miedo y a la vez me parecía divertido, pues lo dejábamos todo para tocar con palos todos los cacharros que estaban a nuestro alcance. Lo más importante en aquellos momentos era hacer ruido para alejar a las cigarras de los cultivos y que no se comieran los tomateros. Pero no lo conseguíamos porque donde acampaban por las noches dejaban la tierra limpia, se lo comían todo, hierba, tomateros, hortalizas, todo lo verde que encontraban en su camino.
Los empresarios mandaban maquinistas con los tractores de cadenas a las playas de arena que al caer la tarde se teñías de rojo. Iban con los tractores de un lado para otro recorriendo la arena y así conseguían matar a muchas, pero el segundo día las invadían de nuevo. Así estuvimos varios días. También haciendo humo conseguíamos alejarlas, pero todos los esfuerzos eran inútiles, ellas iban y venían a su antojo arrasando todo lo que encontraban en su camino, hasta que dejaron de migrar y poco a poco fueron desapareciendo.
Mi abuela materna era una abuelita muy dulce y cariñosa y yo pasaba algunas temporadas en su casa. Una vez coincidió con las navidades y ese año fueron los primeros reyes de mi vida, me pusieron una muñeca de trapo, una manzana y tres higos pasados. Yo no daba crédito a lo que veían mis ojos ¡ los Reyes Magos habían traído un regalo para mí!.
Mi madre tenía una hermana soltera que siempre estaba más cerca de nosotros, en los malos momentos siempre estaba pendiente. Era como nuestro ángel de la guarda, se preocupaba mucho por nosotros y le tomamos mucho cariño. Mi padre sentía por ella un gran respeto y admiración, tanto que con el paso de los años ese sentimiento se convirtió en amor.
A los nueve años de enviudar mi padre se casaba con mi tía, Agueda ella siempre fue para nosotros como una segunda madre.
Ya por entonces se habían casado mis dos hermanas y yo contaba con quince años. Era toda una mujer responsable, pues desde que se casaron mis hermanas tenía que ejercer de ama de casa con cuatro hombres a mi cargo. Tenía que hacer la comida, lavar, planchar y limpiar. Para lavar había que ir a la acequia, también había que traer el agua y la leña para el consumo de la casa pues los hombres trabajaban y cuando llegaban a casa tenían que cuidar a los animales.
Cuando mi padre se casó, estaba enfermo de asma, una enfermedad de los bronquios que le impedía respirar con normalidad. Aconsejado por el médico decidió quedarse en casa con su mujer y sus animales, ya se encontraba cansado y enfermo. Mis tres hermanos y yo seguimos con los tomateros en el sur, yo seguía siendo ama de casa. Yo asumía la responsabilidad como si fuera toda una mujer, las circunstancias me hicieron madurar antes de tiempo.
En las cuarterías del cultivo había un matrimonio que tenía dos niñas gemelas y no tenía leche para alimentarlas ni medios para conseguirla en aquellos momentos. Nosotros teníamos cuatro cabras que nos daban leche para el consumo de la familia. El hombre obligado por las circunstancias hizo un trato con mis hermanos, le cambiaba una vieja gramola de cuerda, con dos discos viejos y rallados, por una cabra negra que daba leche para alimentar a las dos niñas. Mis hermanos no dudaron en cerrar el trato.
Con aquella vieja gramola, a la que le pusimos el nombre de la cabra negra en honor a su procedencia, que malamente se escuchaba nos reuníamos los vecinos los fines de semana y bailábamos. Pasábamos muy buenos ratos bailando al son de la gramola a la que apenas le duraba la cuerda un minuto y que se iba apagando poco a poco. Mi hermano Miguel era el encargado de la música y todos le decían: -¡Miguel, tírale del rabo a la cabra negra!- y mi hermano dejaba plantada a su pareja y le daba cuerda a la vieja gramola y seguíamos bailando tan a gusto como si tocaran “Los diamantes y su bandurria”.
Entre los amigos de mis hermanos había un muchacho que me caía muy bien. Manolo, que así se llamaba, es hoy mi marido. Él me gustaba mucho, era muy guapo y tenía unos ojos grandes y negros. Su mirada me cautivaba, creo que fue eso lo que me enamoró. Venía mucho por casa y si se hacía una reunión siempre estaba a mi lado. No me decía te quiero, pero me lo demostraba con sus miradas y sus atenciones, pues siempre estaba pendiente de mí. El sentimiento era mutuo. Esa persona me cambió la vida, me sentía querida y protegida, me daba aquella ternura que tantas veces había deseado tener en mi vida. Estaba enamorada y correspondida. Cuando cumplí los dieciocho años mis hermanos se independizaron y decidieron buscar un trabajo mejor. Yo pasaba los veranos con mi padre y mi tía hasta que empezaba la zafra del almacén de tomates en el sur. Allí trabajábamos 18 ó 20 horas diarias, todos los días de la semana. Vivíamos en grupos de 10 o más compañeras y nos daban hora y media para la comida y media hora para la cena, el tiempo justo para comernos algo y volver al trabajo. Así trabajé cuatro zafras.
Después de siete años de novios, Manolo y yo decidimos casarnos y venir a vivir a Vecindario, donde llevamos viviendo 41 años. Aquí nacieron mis tres hijos.
A los 14 meses de casada nació mi primer hijo, un niño varón alto y delgado como mi padre y muy hermoso. Octavio, que así se llama, era un niño muy inquieto, me tenía todo el día de un lado para el otro, siempre estaba haciendo de las suyas, hasta que fue creciendo y cambió. Es un niño cariñoso y trabajador. No quiso hacer carrera pero me siento muy orgullosa de él y su familia. Él está casado y tiene una familia maravillosa, tiene dos niños preciosos que llenan toda mi vida.
Dos años y siete meses más tarde nació mi segundo hijo, una niña larga y delgada, a la que decidimos ponerle de nombre Eva, con unos grandes ojos como los de su padre. Era una niña muy dinámica y coqueta, andaba por la casa con mis tacones y hacía de peluquera con sus muñecas, las tenía todas pintadas y peladas al cero. Ella tenía un pelo dorado con tirabuzones, era muy presumida, pero un día cogió la tijera y se cortó todos los rizos que le caían en la frente. Es una niña muy noble y siempre está pendiente de todos los demás. Era muy buena estudiante, ella quería ser maestra, pero para poder pegarle a los niños con un palo como le pegaba a ella, su profesora siempre destacaba por sus buenas notas. Estudió en la rama de enfermería y en ello trabaja, pero aún sigue estudiando por su afán de superarse, y le dedica todo su tiempo libre a sus estudios.
Cuando mis niños contaban con 14 y 12 años decidí incorporarme al trabajo, pues ya tenía mis hijos criados y un sueldo sólo no daba para mucho, pero cual fue mi sorpresa cuando me enteré de que estaba embarazada otra vez. Trece años más tarde nació mi segunda niña. Lorena, que así se llama, se parece mucho a su padre, la benjamina de la casa en vez de tener hermanos parecía que tenía dos papás y dos mamás pues mis hijos con 15 y 13 años fueron sus padrinos de bautizo. Era una niña muy tranquila, y aún sigue siéndolo, se pasaba el tiempo deshojando una revista o recortando sus figuras o jugando con sus muñecas, parecía que no había niña en casa. Fue muy buena estudiante, sus profesores me felicitabas por sus buenas nota, es muy exigente con ella misma y nunca suspendió una asignatura. A los 22 años tenía terminada su carrera de ingeniera.
Siempre he intentado ser una buena madre, he criado a mis hijos lo mejor que he sabido he intentado darle lo que nunca pude tener. Los he tratado mejor de lo que yo fui tratada cuando niña. Se que no fui la madre perfecta pero si que lo hice lo mejor que pude luche mucho para darle lo que nunca pude tener.
Todo mi tiempo lo dedicaba a mi casa y a mi familia no me quedaba tiempo para mí.
Un día escuche a una vecina comentar que estaba asistiendo a clases de adultos y me dije a mi misma tienes que sacar tiempo y aprovechar esta oportunidad que nunca antes habías tenido y sin pensarlo dos veces me dirigí al centro de adultos y desde entonces he aprendido mucho, he hecho muy buenas amigas he crecido mucho como persona. Tenemos, muy buenos profesores, nos tratan con mucho cariño y siempre están dispuestos para ofrecernos su ayuda. Tienen mucha paciencia con nosotros, pues a nuestra edad no es tan fácil estudiar como cuando se tiene quince o treinta años.
También tenemos una profesora de baile que es muy divertida y derrocha energía por todas partes. Nos trasmite toda su alegría pues cuando bailamos nos sentimos tan a gusto que nos olvidamos de todo. También hacemos coreografías que presentamos en el teatro en la clausura de fin de curso.
Hoy día 1 de febrero del 2007 alas 11 de la mañana desde la azotea de mi casa puedo divisar las cumbres de mi Gran Canaria, con nubes altas que no impiden que el sol con sus rayos bañe manto verde que arropan nuestras montañas y el azul del mar que baña nuestras playas. Desde aquí intento encontraren en mi interior como terminar, de momento, historias y recuerdos de mi vida cosas que ya tenia olvidadas, algunas tristes y otras que me ha hecho mucha ilusión recordarlas a sido como buscar en el baúl de los recuerdos. Acido una experiencia muy interesante que no doy por terminada pienso seguir añadiendo algunos recuerdos que lleguen a mi mente de mi pasado, y nuevas historias que me queden por vivir.
Seguimos siendo una familia humilde, pero me considero una mujer afortunada tengo tres hijos que son tres soles y un marido que siempre esta pendiente de mi de los cuales meciendo muy orgullosa.
Siempre le e pedido a Dios que me dejara criar mis hijos y disfrutar de ellos ya que no ya que no pude disfrutar del cariño de mi madre.
La vida me ha en señado que no es mas feliz el que mas tiene sino el que sabe disfrutar de los buenos momentos que le da lívida y resta importancia a los que no lo son y el que mas amor recibe de sus seres queridos yo meciendo millonaria por el cariño que recibo cada día.
Teresa Hernádez Perez
“RECUERDOS”
“DE LA HISTORIA DE MI VIDA”
La historia que a continuación les voy a narrar comienza el 19 de septiembre de 1948, año en el cual nací yo hace ya 58 años, algunos datos se remontan incluso mucho más atrás, en el periodo en el que mis padres nacieron y posteriormente se conocieron y casaron. Gracias a ellos les debo todas las anécdotas y vivencias que me han sucedido a lo largo de mi vida.
En 1909 nace mi padre, justamente ese año y debido a una excelente cosecha de uvas, los vinicultores alicantinos se vieron con una gran cantidad de uvas a las que tenían que dar salida. Así surge la idea de comer uvas para despedir el año, convirtiéndose en una tradición que dura aún en nuestros días.
Mi padre nació en Lomito de Taidía, un pequeñito y alejado pueblecito de San Bartolomé de Tirajana, uno de los municipios de la isla de Gran Canaria. Nace en el seno de una familia muy humilde, como tantas por aquel entonces, ya que la vida en esos días era muy pero que muy dura. Era el más pequeño de ocho hermanos. Cuando contaba tan sólo con la edad de 7 años vio como 5 de sus hermanos mayores tuvieron la obligación de emigrar a Cuba para buscar una vida mejor para ellos y también para el resto de la familia que dejaban atrás. Desde esa corta edad tuvo que trabajar muy duro para ayudar a su familia
Su infancia fue dura pues faltaba de casi todo. Cuando tenía 9 años sus padres deciden mandarlo a San Bartolomé, a casa de un señor que de forma gratuita y por voluntad propia enseñaba a los niños a leer y a escribir. Para llegar hasta allí cruzaban por caminos reales, tardaba unas 2 horas porque su casa estaba bastante alejada del centro. Con el le acompañaba su prima Laureana de tan solo un año mayor que el. A pesar de ser primos hermanos, el no podía resistir de mirarla con ojos tentadores ya que tenía un sentimiento muy especial por ella. Siempre le decía por el camino que algún día serían novios. Ella se enfadaba muchísimo puesto que eran casi como hermanos.
Mi padre tuvo que ir por un tiempo a trabajar fuera del pueblo. Durante todo ese espacio no podía dejar de pensar en su prima. Cuando volvió al pueblo comprendió que ella tenía que ser su mujer para el resto de su vida, y así que no tardo en proponérselo y esta vez si que ella no puso ningún tipo de impedimento porque sentía lo mismo por él. Tras un corto período de noviazgo se casan. De ese matrimonio nacen diez hermosos y sanos niños, seis chicas y cuatro chicos, yo ocupo el octavo lugar. Nos criaron con gran sacrificio y nos educaron enseñándonos lo importante que era el respeto hacia los demás y sobre todo hacia la gente mayor. Mi madre una vez que empezó a tener hijos se ocupó únicamente al cuidado de ellos y del hogar puesto que con tantos niños seguidos no le daba tiempo a nada más. Mi padre al contrario se pasaba todo el día trabajando fuera de casa todo el dinero que traía se hacía poco. Trabajaba de todo aquello que encontraba, de capataz de carretera, de panadero, de aparcero.
El poco tiempo que le quedaba libre lo dedicaba a sus hijos, a su mujer y también a su único hobby, leer novelas del oeste y de vaqueros. Cada noche, un ratito antes de acostarnos, encendía una vela puesto que aún no había luz eléctrica, se hacía un cigarro con hojas de piña y en alza voz nos leía esas maravillosas historias que narraban los libros. Me encantaba cuando llegaba ese momento del día. Todos mis hermanos nos poníamos muy juntitos, en la cama dormíamos tres en cada una, y nos quedábamos totalmente en silencio escuchando a nuestro padre hasta que poco a poco nos íbamos quedando dormidos. Yo sentía una inmensa admiración hacía el, lo recuerdo con gran ternura. Era muy cariñoso con nosotros.
Mi madre era fabulosa, dedicada siempre a sus hijos protegiéndonos en todo momento. Recuerdo que casi todas las noches se ponía a coser. Hacía de las noches día, encendía una vela para poder ver bien. Nosotros correteábamos y jugueteábamos alrededor de ella haciéndole carantoñas, nos reíamos muchos juntos. Ella estaba siempre pendiente de nosotras, preocupada cada vez que nos acercábamos mucho a la vela por miedo a que nos pudiésemos quemar. Mamá nos hacía muñecas de trapos y balones de tiras de plataneras para que pudiésemos jugar, con diez hijos no le quedaba ni un pequeño momento para ella.
Hoy comprendo que la vida no les fue fácil, pero sus esfuerzos merecieron la pena, estoy segura que si nos estuviera viendo se sentirían muy orgullosos de todos sus hijos.
Para mis hermanos y para mi tampoco fueron momentos fáciles. Tuvimos que abandonar la escuela muy jovencitos y ponernos a trabajar para ayudar a nuestra madre con el cuidado de los hermanos más pequeños.
Los años más duros fueron los de la posguerra, allá por el año 1939-40 son los años del hambre, puesto que no llegaba nada a nuestros mercados. A la mayoría de la gente no le queda otro remedio que emigrar como única salvación a la situación de hambruna que estaba viviendo. A todo esto se añade también una gran represión policial hacia la ciudadanía puesto que la llegada de Franco al poder se caracteriza por su autoritarismo.
Por entonces no había carreteras sólo caminos reales. Para ir a trabajar había que salir el domingo por la noche, caminaban durante tres horas para acercarse lo más posible a sus trabajos. Dormían en cuevas con colchones de viruta. Trabajaban de sol a sol. Se llevaban la comida y lo poco que había lo repartían entre todos. Así se pasaban tres o cuatro días y luego volvían hacer el camino de vuelta a casa en busca de alimentos para el día siguiente volver a hacer el mismo recorrido.
Como digo eran años difíciles, mi padre decide no emigrar y quedarse aquí buscándose la vida como fuese para poder alimentar a los suyos. En un principio como única solución para subsistir fue la de hacer carbón para venderlo. Así que se ocultó en el pinar para no ser visto por los guardias civiles, que en ese tiempo no perdonaban nada y por cualquier cosa te detenían. Además estaba muy castigado el coger pino y almendro para hacer carbón. Aprovechaba la caída del sol y hacía un hoyo en el suelo y en él metía los gajos de pinos y almendros y les pegaba fuego, hasta convertirlos en carbón, luego los metía en un saco y lo llevaba al pueblo para venderlo. Una de las noches fue sorprendido por un guardia civil que quitándole el saco con brusquedad le obligó a que le enseñara donde los hacía y le hizo tapar el hoyo que había cavado para hacerlo. El guardia miró con ojos atemorizantes a José y muy seriamente le dijo de gracias a Dios que tiene hijos porque si no me lo llevaba ahora mismo preso. Papá dio gracias a Dios por haberse encontrado con unos de los pocos guardias compresivos con la situación.
No tan buena suerte corrió don Andrés un vecino del pueblo que de vuelta de casa de su compadre traía al hombro un saco con alimentos. La guardia civil lo vio y le hizo parar para preguntarle que era lo que llevaba dentro de ese saco, don Andrés muy tranquilo le contesta, unas cosillas que me ha dado mi compadre. ¿ Puedo verlas ¿ le dijo los guardias, porque no, contesta don Andrés, y abriendo su saco le mostró lo que llevaba, unas naranjas, unas hojas de rábanos y unos tunos pasados. El guardia civil metió su mano en el saco cogió unos tunos y se lo comió prácticamente sin masticarlo. Miró a Andrés y le preguntó donde los había robado. El hombre volvió a contestarle me los ha dado mi compadre, el guardia sin pensárselo dos veces, levantó la mano y le cruzó la cara por dos veces. El hombre no sabía que hacer, agarraba el saco con fuerza pero el guardia se lo arranco de un manotazo y con una porra le pego por las piernas, mientras el otro guardia saca un hilo de carrete del bolsillo y acercándose al oído de su compañero le comenta algo y se echan a reír. El guardia se acerca a don Andrés y amarra su bigote con el hilo y tiraba de el causándole tremendo dolor le ataron las manos atrás y le llevaron por todo el pueblo como si fuera un delincuente. Lo soltaron después de haberlo humillado sin devolverle sus pertenencias.
Cuando era pequeñita mis padres dejan San Bartolomé de Tirajana y se trasladan a la costa en Vecindario. Era un pueblo nuevo que acababa de resurgir allí acudía la gente en busca de trabajo puesto que abundaban los tomateros y los terratenientes les proporcionaban pequeñas cuarterías para que los aparceros tuviesen donde vivir. Había muy pocas casas y mucho terreno libre y el viento soplaba con gran intensidad que a veces nos empujaba cuando íbamos a favor del viento teníamos que correr pero cuando íbamos en contra caminábamos todos encobados teníamos que hacer un gran esfuerzo para poder seguir adelante. Crecí entre viento y polvo que a veces impedía incluso ver a la gente, parecía el desierto del Sahara. Desde el aeropuerto de las palmas en el sureste de Gran Canaria hasta el aeroclub es una zona muy ventosa y afecta mucho la salud de las personas se sufren muchas depresiones incluso muchas personas se quitan la vida hace unos 15 años este viento se está aprovechando para instalar molinos para producir energía eólica como alternativa para no contaminar tanto el medio ambiente, como la producida por el petróleo.
Tiempo atrás producía muchos astrosos en los cultivos de tomateros y plataneras incluso llegaba hasta un extremo donde las cosechas quedaban inservibles. Ahora los invernaderos han venido a solucionar el problema que por aquel entonces dejaban a los cultivadores con el corazón roto por el tremendo desastre que le causaba y no recoger nada se sus cosechas que eran lo que les daba la comida para subsistir. Hoy es aprovechada también para los sufistas que vienen de todos los. Países a nuestra isla concretamente a la zona de Pozo Izquierdo para así practicar el deporte que tan famosa han hecho a nuestras queridas gemelas las Canarias quedando casi siempre como campeonas. Las hermanas Díada e Iballa Ruano
50 años atrás era como un pueblo fantasma No había coches, sólo dos, que yo recuerde, uno de ellos pertenecía a Don Domingo Díaz que era un hombre muy humanitario y ayudaba a todo el mundo que lo necesitaba. El otro era de don Miguel, conocido por el marchante porque tenía un Peugeut en el que llevaba a los animales que compraba. En una ocasión a mi padre le dio un dolor de riñón y lo llevaron al médico montado en un burro, el pobre animal ya era bastante viejo y caminaba muy despacio. Hoy vecindario se ha convertido en una ciudad de 60.000 habitantes rodeado de todas las comodidades necesarias para hacernos la vida lo más llevadera posible.
Sentada en un banco, en un parque de mi barrio mi mente me lleva a mi niñez, cuando mi madre me mandaba al molino situado en el Doctoral a 3 kilómetros de mi casa con un saco de 10 Kilos de millo tostado en la cabeza para cambiarlo por gofio para poder dar de comer a todos nosotros. El gofio es un alimento canario que consiste en tostar millo o maíz y molerlo posteriormente, o cuando iba al pozo a traer el agua para beber con un cacharro de 15 litros en la cabeza. Un día me entretuve por el camino jugando con unas amigas. Jugábamos al teje y cuando me di cuenta el tiempo se me había echado encima. De repente empezó a llover y se hizo de noche. Me pierdo en el camino de vuelta a casa y empiezo a tener mucho miedo. A lo lejos veo una choza y corriendo me acerco a ella para refugiarme. Mis padres empezaron a preocuparse y salieron en mi busca. Gritaban a voces mi nombre por si yo los oía, cuando los escuché, sentí miedo por haber sido traviesa y no volver pronto a casa así que no les contesto. Cuando mi madre me encuentra lo único que hizo fue darme besos y abrazos y no paraba de llorar. Mi corazón latía más y más fuerte y el miedo me paralizo por un instante y no me dejaba reaccionar fue un momento muy amargo y sólo de pensarlo se me pone los pelos de punta. Recordando ese momento que me sucedió cuando era tan sólo una niña de siete años la lluvia empieza a caer tímidamente, me encojo en el banco y siento el mismo frío que tuve ese mismo día. Vuelvo la mirada al cielo y la lluvia moja mi cara y una sonrisa llena mi rostro de felicidad.
Mi niñez y mi adolescencia transcurren con normalidad. Tuve que abandonar pronto la escuela, como el resto de mis hermanos, pese a la insistencia de mi maestra por convencer a mis padres para que siguiese puesto que era una excelente alumna y muy aplicada y estaba segura que si seguía estudiando podía llegar a tener una profesión cualificada y correr mejor suerte, pero mis padres no se podían permitir el lujo de perder esa ayuda económica que supondría mi entrada al mundo laboral. Trabajaba sin descanso de lunes a sábado en el almacén de tomates que había enfrente de mi casa y los domingos nos teníamos que levantar muy tempranito para ir por la mañana a ayudar a nuestro padre en los tomateros hasta las 11 de la mañana. El domingo después del mediodía era mi único tiempo de descanso después de acudir a misa de doce como cita obligatoria por las tardes ya quedaba con mis amigas para ir a bailar o al cine.
Vivíamos con gran emoción y expectación las procesiones de Semana Santa, la sentíamos con gran intensidad y sentimiento, pero la Semana Santa de 1965 la recuerdo como la mejor de todas, ya que sucedió un hecho que cambiaria mi vida. Era una tarde del mes de marzo, un viento recorre la calle, el aire es desagradable, me cobijo bajo mi abrigo para protegerme del frío y una fina lluvia empieza a caer, me acerco a la iglesia de San Nicolás de Bari situada en el barrio de Sardina del Sur. Atravieso el parque que lleva a la iglesia y me encuentro con unos amigos. Nos saludamos y nos ponemos de acuerdo para ir juntos a la procesión pues es Jueves Santo. Cuando sale la procesión a la calle me siento observada por un joven que no deja de mirarme, intento esquivar su mirada y mirar a otro lado pero él se acerca y me dice que si me puede acompañar, lo miro y le pregunto si me conoce de algo. No, contesta, pero sería un honor para mí acompañarla, yo me resisto y no le hago caso. Me adelanto para entrar en la iglesia y el queda detrás de mí, siento su mirada y me encuentro incomoda. Cuando termina la ceremonia salen los santos a la calle y me pongo en fila para irlos acompañando. Él vuelve a acercarse e insiste en ir a mi lado. Me dice su nombre y me pide perdón por no haberse presentado antes. Estuvimos hablando durante todo el recorrido pero no todo lo que nos hubiese gustado porque en ese tipo de ceremonias hay que mostrar bastante respeto, cundo terminó nos despedimos y quedamos para vernos al día siguiente. Quedamos en el mismo sitio que nos habíamos conocido el día anterior y fuimos juntos a la iglesia. Así empezó una bonita amistad que poco a poco se convirtió en una bonita y sólida relación que duró cinco años de noviazgo. El 10 de mayo de 1.970 nos unimos en santo matrimonio. Contaba con 21 años y Antonio 24. De nuestro amor nacen 3 hijas: Sonia, Fabiola y Nuria.
El nacimiento de mi hija Sonia fue todo un descubrimiento para mí, y un resurgir de nuevas sensaciones y sentimientos no experimentados hasta entonces. Sufrí en silencio y en soledad las primeras contracciones porque en la calle en la que vivía a penas había un par de casa bien alejadas unas de otras y mi marido trabajaba todo el día así que cuando él llega ya yo había roto agua y corriendo me lleva en nuestro SEAT 124 a la clínica del Pino. El sol se está ocultando y la sombra de la noche cae y una brisa fresca entra por la ventana desde la penumbra de la habitación veo el ir y venir de la gente, miro las paredes que están vacías y siento el llorar de un niño que acaba de nacer. Acaricio con dulzura mi estomago y pienso lo que daría por escuchar también su llanto. Un fuerte dolor me obliga a contraerme. Mis dolores aumentan con más frecuencia y no puedo contenerlos. Pido a Dios que me de suerte y que mi hija nazca bien. Estoy cansada y necesito estar relajada, me acuesto un poco para ver si puedo tranquilizarme y un fuerte dolor me obliga a gemir. Intento incorporarme pero apenas puedo hacerlo. Llamo al timbre de mi cama y acude a mi llamada una enfermera y le digo que ya no puedo más. Me llevan a una habitación donde hay una camilla, me acuesto en ella y me dice que espere un momento que va a llamar al médico. Mi hija estaba empujando con fuerza y cuando entra el médico ya tenía la cabeza fuera. Todo fue en un segundo, la tuve por un momento sobre mi barriga y ella buscaba con su mirada la mía, fue muy emocionante esos primeros momentos de su vida.
Fue una niña bastante buscada y querida e incluso llegó a estar un poco consentida puesto que hasta casi los cuatros años fue la única reina de la casa luego ya nacería mi segunda hija. Tuvo una infancia muy feliz y era muy coqueta y presumida. Recuerdo cuando tenía 3 años y cogía mis zapatos de tacón y se los ponía. Había que ver como caminaba con ellos, se subía sobre la silla del baño y se pintaba toda la cara. Era increíble, me sacaba de los muebles de la cocina todos los calderos y cogía las tapas y las tocaba, se asustaba y se echaba a llorar. Yo la consolaba y volvía a tocarlos para que viera que no pasaba nada, como disfrutaba con ella, le gustaba colorear los libros de dibujo, jugar con plastilina y con una muñeca que siempre la tenía a su lado. Cuando escuchaba música era increíble como se movía. Era la reina de la casa. En sus estudios fue disciplinada y sacaba buenas notas. Tomó clases de guitarra y le encantaba los bailes típicos canarios.
Ahora tiene 34 años y el 4 de diciembre de 2.006 ha sido madre por primera vez por lo que me ha hecho abuela de una preciosa niña llamada Yaiza. La tengo en mis brazos y sólo llora cuando quiere comer, es muy tranquila, se pasa el día durmiendo. Nos tiene a todos embobados y lo que mas ansío en estos momentos es verla crecer sana.
El 16 de diciembre de 1.975 nace mi segunda hija Fabiola. Poco días antes muere Franco y deja atrás una dura y larga etapa de dictadura y comienza un nuevo ciclo de la historia de España, empieza a constituirse una sociedad libre y moderna la muerte de Franco me cogió en la ultima etapa del embarazo y tras su fallecimiento todo podía suceder por lo que pasaba las noches en vilo por si pudiese haber algún tipo de revuelta social y política pero para mi sorpresa todo se desarrolló de la mejor manera posible.
Fabiola era una niña larga y delgaducha y destacaba sobre todo sus pequeños ojos negros, siempre audaces y vivarachos, observando todo con curiosidad. Fue una niña muy viva y despierta le encantaba estar siempre entretenida en algo por lo que pronto se destacó tanto en los deportes, hacía atletismo y jugaba al balonmano como en las actividades en los que tenia que demostrar el ingenio mental, era una excelente estudiante, la verdad es que todo se le daba bien. Desde muy pequeña tenía claro que lo de ella no era estar encerrada en cuatro paredes sino que necesitaba ver mundo, así que un día cuando tan sólo tenia 3 años aprovechó que la puerta de casa estaba abierta y se escapó. Caminó sin rumbo un par de calles más arriba y pronto se vio desorientada y se echó a llorar, una señora que pasaba por allí la cogió y tranquilizándola le preguntó como se llamaba y de quien era, yo soy hija de Luisa y Antonio contestó ella. La mujer supo de inmediato donde vivía y cogiéndola en brazos me la acercó a casa donde ya yo estaba con el corazón en un puño porque no la veía por ningún lado.
Terminó la carrera de empresariales con notas altísimas y decide ir a Madrid a hacer un master en Finanzas. Se quedó viviendo allí durante 3 años porque pronto encontró trabajo en una empresa multinacional. Me costo mucho separarme de ella ya que era la primera vez que una hija mía salía a vivir fuera de casa. Después de esa temporada en Madrid decide probar suerte en Alemania. Allí se puso a estudiar la lengua mientras trabajaba en trabajos temporales. Se me hacía durísimo estar tanto tiempo separada de ella por lo que decido volar a Alemania para estar un tiempo con ella. Aquello me parecía increíble como podía vivir allí donde no conocía a nadie. Me llevó de una ciudad a otra, era fascinante a la velocidad que corría el tren. Los días pasaron rápidos y cuando llegó el día que tuve que regresar y dejarla no podía dejar de llorar. Recuerdo que en el aeropuerto nos abrazamos y ningunas de las dos podíamos hablar, un nudo me atenazaba la garganta y mis lágrimas no dejaban de fluir por mis mejillas. Fue una despedida triste, hasta el día estaba gris y no paraba de llover. Alcé la mano y le dije adiós, ella subió a un taxi, vi como se alejaba, se dirigía a la estación para coger el tren que la llevaría a su destino, yo me quedé parada y la lluvia me lavaba la cara que se mezclaban con mis lágrimas. Sentí un frió enorme y me encogí un poco, me subo el cuello del abrigo y me dirijo a la puerta de embarque y subo al avió que me alejaría de nuevo de ella. No podía reaccionar hasta que una voz me sacó de mis pensamientos, era una amiga que para mi sorpresa había estado también en ese país. Nos emocionamos las dos y estuvimos un rato cogidas de las manos. Nos pasamos el vuelo recordando las cosas buenas que la vida nos había regalado. Llegué a Gran Canaria y me pareció lo más bello del mundo con un sol radiante. Se me escapó un suspiro y me sentí aliviada pensando que mi hija era feliz.
Tras una corta temporada en Alemania regresa a Gran Canaria donde pronto volvería a irse pero esta vez más cerca, actualmente vive y trabaja en Fuerteventura, la isla tranquila y le va la mar de bien.
A los seis meses de tener a Fabiola me quedo embarazada de mi tercera hija Nuria, tan solo se llevan 15 meses de diferencia. Nuria nace el 16 de marzo de 1.977, fue la más gordita de las tres. Su embarazo fue bastante complicado porque durante los 9 meses no paré de tener fuertes dolores y nauseas hasta el último momento en la mesa del paritorio. Al tener a Nuria, el tiempo no me daba para nada porque tenía que estar pendiente de dos niñas pequeñas a la vez. Sonia por entonces ya tenía cinco años y empezaba a ser un poco más independiente. A Fabiola le encantaba estar con su hermana pequeña y le enseñaba las palabras que ella acababa de aprender y malamente sabía balbucearlas, de esta forma empieza a crearse una bonita complicidad entre las dos.
Nuria fue siempre una niña fuerte y le encantaba estar el día jugando en la calle correteando con sus amigas. Cuando sólo tenía ocho años algo trunca su felicidad, en una revisión médica descubrieron que tenía escloriosis y que sería recomendable ponerle un aparato para poder corregir su columna ya que estaba en la edad del crecimiento. La noticia fue un duro golpe robándole las mayores ilusiones que puede tener una niña de esa edad ya no salía tanto a la calle como antes y se fue distanciando poco a poco de sus antiguas amistades y se fue convirtiendo en una niña solitaria y melancólica. Yo le animaba y le obligaba a que saliese a la calle aunque no pudiese jugar a las mismas cosas que antes, ella al final se animaba y salía pero ya no tenía la misma alegría. Durante diez años día a día sufrió las mayores molestias que nadie se pudiese imaginar para una niña de tan corta edad. Es una persona que admiro mucho por su valentía y coraje por el esfuerzo que tuvo que afrontar en la vida. Por las noches lloraba cuando nadie la veía. Yo siempre estaba pendiente de ella de cualquier movimiento que hiciera y le hacía comprender que era por su bien y que algún día llegaría su recompensa. Soñaba con el día que pudiera quitárselo y hacer todo lo que durante diez años no había podido hacer. Llegó ese día y no se lo podía creer, se movía de un lado para otro, era como una niña con zapatos nuevos, la sonrisa le llenaba la boca, se sentía reina por un día, era feliz por cualquier cosa, no paraba, ya podía vestir como una chica de su edad e ir a las discotecas con sus amigas. Todo era nuevo para ella. Hoy es diplomada en relaciones laborales y vive la vida como cualquier joven de su edad, dejando todos los malos recuerdos atrás y aprovechando lo bueno que le da la vida.
Por aquella época Vecindario carecía de los servicios más fundamentales, como médicos especialistas y muchas cosas más. Cuando las niñas se ponían enfermas me tenía que levantar a las 6 de la mañana para acercarme a la calle principal llamada general Franco, hoy es la avenida de Canarias, era en la única calle que pasaba los taxis que en aquel tiempo les llamaban piratas para ir al especialista que solo estaba en el ayuntamiento de Telde a unos 20 kilómetros de Vecindario. Los taxis lo teníamos que compartir con otras personas hasta que se ocuparan todas las plazas.
Con mis tres niñas lo pasábamos muy bien todos juntos siempre estábamos haciendo alguna actividad. Todos los fines de semana nos íbamos al campo y allí nos pasábamos todo el día correteando, jugando a la pelota o al remo que se lo hacía su padre amarrando una soga entre dos árboles, también nos encantaba ir al palmeral del faro de Maspalomas y a la playa de las Burras ,fueron momentos muy gratificante.
El tiempo trascurre con normalidad, viendo a mis hijas crecer día a día. Yo me quedo en casa durante algunos años para dedicarme en exclusiva al cuidado de mis tres niñas y del hogar. Durante este periodo aprovecho para hacer otras cosas como por ejemplo sacarme el carné de conducir, fui la primera mujer de toda mi familia en sacárselo, la mayoría de mis hermanas siguen dependiendo aún de sus maridos e hijos para trasladarse, yo siempre fui una mujer adelantada e independiente para mi época y aún lo sigo siendo.
En toda esta historia la persona que más apoyo me ha dado en la vida ha sido Antonio ,mi marido ,el padre de mis tres hijas ,al que llevo 41 años a su lado compartiendo todos los momentos de mi vida, como padre es fabuloso luchando para que sus hijas no les falten de nada, como marido ha sido mi mejor maestro, como amigo es lo mejor, puedo contar con el en todo momento, a su lado me he sentido protegida amada y admirada, juntos hemos luchado para que no les falten de nada, procurando que la vida sea lo más llevadera posible, bendigo a Dios por haberlo puesto en mi vida, después de mis hijas a sido lo más importante que me ha ocurrido.
Cuando mi hija Nuria la menor, comienza a ir a la escuela yo vuelvo a incorporarme al mercado laboral. Empiezo a trabajar en donde he trabajado toda mi vida en el almacén de tomates de BONNY. Aquí trabajo durante todo este tiempo y sólo hace cosa de 5 años cuando contaba con 53 años causo baja por enfermedad. Después de muchos años de dolor precisamente desde el año 1.992 hasta el 2.002 que me diagnostican la fibromialgia, una enfermedad muy poco comprendida y muy difícil de demostrar, en la que hoy por hoy no tiene otra solución que la resignación y un poco más.
Me levanto descalza para no hacer ruido me dirijo a la cocina para hacerme una infusión abro la ventana que da a la calle y un chorro de aire fresco me da en la cara, veo a un hombre que cruza la calle, tomo asiento ya que no tengo sueño, me escandaliza encontrarme pensando y sintiendo como siento. ¿Que hago yo aquí a estas horas? Cuando caigo en este oscuro agujero helado, contra toda lógica me pongo a sudar, empapo la ropa, contagio la casa y el aire de mi oscuridad sólo pienso en como dormir para no pensar. Siento que es demasiado que es insufrible. Necesito estar en paz. Como quiere la gente que sonría si no me apetece pues no he pegado ojo en toda la noche. El dolor, ese mal terrible, seguramente se pude escribir hasta que a uno se le caigan las manos, hasta poetizar sobre el. Lo que si puedo asegurar es que el dolor es lo que refleja la cara. Sin duda alguna el dolor de la fibromialgia se puede comparar con la gripe. Te duele todo el cuerpo no tienes voluntad para nada es uno de los más puñeteros que hay. Es muy difícil de tratar. Se trata de un dolor incomprendido. Hay algunos remedios naturales beneficiosos que he leído en los libros. Algunos médicos recomienda el ejercicio anaeróbico, el Tai Chi o la natación. Dolor es una reivindicación inmediata de los fibromiálgicos, demostrar que tu cuerpo no responde, que estas sufriendo, que los demás entiendan la impotencia de tanta incomprensión. Es terrible que una persona necesita ayuda que busca compresión, que no puede demostrar lo injusta de su enfermedad. La enfermedad ha magnificado mis emociones. No hay duda alguna que tengo una enfermedad y mientras la ciencia no investigue con certeza de donde viene y adonde va y como frenarla abran muchas personas sufriendo en este mundo sin encontrar alivio alguno para sus dolencias. La supervivencia en reconocerles su dolor y su incapacidad y restricciones para llevar una vida como los demás. Es evidente que la ciencia en general no está al servicio de la gente para la mejora del género humano, de su calidad de vida. La ciencia institucionalizada está al servicio exclusivo de los intereses comerciales de los más poderosos. He oído hablar de las buenas propiedades terapéuticas de los balnearios duchas de chorros y masajes mejoran notablemente el estado general de los fibromiálgicos, pero inalcanzable para los pobres, quien puede permitirse el lujo de ir con mucha frecuencia posiblemente todos los días. No tengo más remedio que reconocer que la mayoría del tiempo estoy triste pero para combatir eso voy a la escuela de adulto, hago gimnasia, camino y hago natación, saco fuerza de flaqueza para salir adelante, llevo mis tratamientos, mis hijas me motivan, las tengo a mi lado siempre que las necesito. Ahora tengo un motivo más para vivir que es mi nieta, lo voy a aprovechar, a dedicarle todo el tiempo que mi doloroso cuerpo me deje. No puedo dejarme llevar por la tristeza. Por las mañanas le pido a Dios que mi fuerzas no me fallen y tiro para adelante lo importante es que mis hijas estén bien, eso para una madre es lo máximo. Tengo suerte de tener la familia que tengo, ¿que madre no se siente orgullosa de sus hijos? Es lo mejor que me ha dado la vida. Estoy superando los malos momentos que la vida me ha dado, me he propuesto rodearme de cosas buenas para mejorar mi estado de animo.
Hoy el sol brilla con gran intensidad y el cielo es de un color azul radiante, el buen día me contagia mi estado de ánimo y no sé porqué me siento feliz. Me acerco al muelle de Arinaga y el mar está embravecido y las olas son de una gran magnitud y salpican toda la orilla y con ella también mi cara. Me siento a contemplar el océano azul de mi isla y pienso que sin él no podría vivir y tampoco sin las calderas y elevadas montañas de mi tierra. Una vida que ha trascurrido en Vecindario, una tierra que me enamora por encima de todas las cosas. Me siento orgullosa de haber nacido al sur de mi isla. Unos niños corretean ajenos a cualquier problema y sus gritos me sacan de mis pensamientos, me apoyo en una roca y saco un libro para leer pero la brisa me hace encoger. Echo a andar y saco la llave para poder entrar en mi hogar, me dirijo a la cocina y abro la ventana y un suave aroma llena mis pulmones. Me acerco al teléfono y marco el número de mi hija, charlamos un rato y quedamos para comer en casa a la dos de la tarde. Durante la sobremesa conversamos tendidamente recordando muchas vivencias, tantas cosas que habíamos olvidado, revivimos momentos bonitos del pasado, no paramos de reír, pasa el tiempo sin darnos cuenta. Decidimos hacer unos pastelillos y nos ponemos manos a la obra, al final de la tarde nos despedimos sintiéndome la madre más feliz del mundo.
En esta tarde fría de invierno, paro de escribir, recuerdos, no porque no los tenga, sino porque tengo que parar de hacerlo. A lo largo de esta redacción, espero no haberme olvidado de ninguno de mis buenos recuerdos, de mis seres más queridos. Deseo no haber hecho daño a nadie con mis palabras o con mi interpretación personal de mis recuerdos.
Si alguna de mis hijas o mis nietos quisieran hacer de estos recuerdos un poco de su presente particular y porque no también de su futuro, que haya servido para que me conozcan un poco más, pero lo que si quiero dejar claro, que estos son parte de mis recuerdos...
Luisa.
Luisa
Vecindario, 29 de Enero de 2007
hola compañeros del centro de adultos de vecindario
hola,soy un alumno de la escula de adultos de vecindario,solo deciros que todos los que no esten en este centro,les digo que no saben lo extraordinaria señorita de lengua que os estais perdiendo.
hola
espero que disfruten con este proyecto y es posible que de aqui salga algo positivo y algun que otro nuevo escritor.
suerte a todos
saludos
susi
Hola soy Cristina, pertenezco al CEPA de Vecindario
hola soy cristo.vivo en la barria y mi hobby es coger de vez en cuando coge el mercedes de mi papa.si te interesa quedar conmigo...
hola
soy alumna del centro de adultos de santa lucia y curso el GESIII
estoy muy orgullosa de lo que he conseguido hasta ahora.
mi ilusion es ir a la universidad
y voy a poner todo mi empeño por lograr mi meta.
saludos
susi
hola,me encanta estudiar en el centro de adultos CEPA.Lo mejor que he hecho en los ultimos años es volver a estudiar y pretendo seguir estudiando todos estos años y sacar los estudios que deseo hacer.
Si pensais estudiar hacerlo que no se arrepentirán
Pepi Iñigo Fernández
Hace un frío de “mil demonios” ( refunfuñó frotándose las manos ) En la boca todavía tenia el saborcito dulzon del traguito del aguardiente que acababa de saborear y las posaderas, cómodamente aplastadas en el asiento de aneas. La silla, era una antigualla de madera pintada en tonos verdes y naranja; una autentica reliquia andaluza desvencijada por el paso de los años. Enrique; estaba despatarrado, con el brasero entre las piernas; los pantalones de pana, el chaleco de lana y las alpargatas de paño apretadas al calcetín, gracias a un elástico negro que “su Lola” había cosido en cada uno de los bordes cuando todavía estaban enteras. Tenia delante de el a sus nietesitos, que no eran pocos, el tesoro mas balioso de su vejez. Siempre hambrientos e insaciables y sobretodo inmunes a las heladas que estaban cayendo. Cojio la paleta de hierro y removió el picon del bracero. Uno a uno los fue mirando; estaban felices, devorando todo lo que la abuela les había puesto en el plato con las mejillas sonrojadas llenos de vida y el: hecho un “carcamal“ que no conseguía calentar los huesos de su cuerpo y para desgracia suya, lo único calentito que tenia eran los sabañones de los pies, que le picaban “a rabiar“.
Las mujeres trajinaban en la cocina y el tenia que mantener a raya a “cinco mocosos” que eran su orgullo. Hasta el, llegó el aroma del aceite y la canela de los pestiños. El de los ajos, cominos y laurel, en hervores de buen vino de cazuelas de barro. La casa se llenó de buenos olores; de los olores de una noche buena.
Los chiquillos estaban pendientes de los movimientos de su abuelo. Todos los años hacia lo mismo; cuando se cansaba de quejarse una y mil veces del frió que hacia, les contaba la historia: de un rey, que era muy malo con los niños y de una estrella que guiaba a los magos desde el lejano Oriente hasta Belén. Cuando se alborotaban; entraba la abuela y les recordaba que los camellos de los Reyes estaban cargados de juguetes solo para los niños
buenos y que habia mucho carbón para los malos. Después le daba un traguito de aguardiente al a
buelo y todos otra vez, contentos.
Gran Canaria
Lo tenia todo, incluso la tranquilidad necesaria; sin embargo, no era capaz de escribir ni una sola frase en aquella hoja de papel en blanco. Hurgué entre mis recuerdos que perezosos se resistieron y entré donde nacen las ideas, allí me topé con un muro de pompas de jabón que se desvanecían incluso mucho antes de tocarlas y comencé a sentirme un poco incomoda. Cerré los ojos y me dejé llevar asta empaparme de esta tierra que tanto y tanto me esta dando; de sus gentes que tan cerca de mí siento, de las playas donde dejo mis nostalgias y doy riendas suelta a mis alegrías; a las orillas de piedras que conocen los traspiés que me llevan a zambullirme en las frescuras de sus aguas y a esos barrancos profundos con palmerales de ensueño por donde se pierde la mirada y la imaginación se desata. Llenare mi pagina en blanco de esta tierra. De los pinares y senderos por donde; paso a paso mis huellas voy dejando.
***///***
La luz de la tarde, entraba a través del cristal de la ventana llenando el salón.
El griterío de niños que juegan en un parque cercano, llegaba lejano hasta a mi.
Estaba sola en la casa ! Justo, lo que necesitaba ! Y me “abandoné “ en un cómodo sillón. Serré los ojos y me perdí ;en una “maraña” de pensamientos, que me llevaron asta los primeros años de mi vida. Allí: Busqué el cuento que nadie me contó y solo halle: Una infancia que se perdió en un mar de soledades. Y, a una niña solitaria que “volaba”, entre juegos, historias y leyendas.
Hoy, mi imaginación va y viene llenando algún que otro vació e incluso me entretiene.
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Hace un frío de “mil demonios” ( refunfuñó frotándose las manos ) En la boca todavía tenia el saborcito dulzon del traguito del aguardiente que acababa de saborear y las posaderas, cómodamente aplastadas en el asiento de aneas. La silla, era una antigualla de madera pintada en tonos verdes y naranja; una autentica reliquia andaluza desvencijada por el paso de los años. Enrique; estaba despatarrado, con el brasero entre las piernas; los pantalones de pana, el chaleco de lana y las alpargatas de paño apretadas al calcetín, gracias a un elástico negro que “su Lola” había cosido en cada uno de los bordes cuando todavía estaban enteras. Tenia delante de el a sus nietesitos, que no eran pocos, el tesoro mas balioso de su vejez. Siempre hambrientos e insaciables y sobretodo inmunes a las heladas que estaban cayendo. Cojio la paleta de hierro y removió el picon del bracero. Uno a uno los fue mirando; estaban felices, devorando todo lo que la abuela les había puesto en el plato con las mejillas sonrojadas llenos de vida y el: hecho un “carcamal“ que no conseguía calentar los huesos de su cuerpo y para desgracia suya, lo único calentito que tenia eran los sabañones de los pies, que le picaban “a rabiar“.
Las mujeres trajinaban en la cocina y el tenia que mantener a raya a “cinco mocosos” que eran su orgullo. Hasta el, llegó el aroma del aceite y la canela de los pestiños. El de los ajos, cominos y laurel, en hervores de buen vino de cazuelas de barro. La casa se llenó de buenos olores; de los olores de una noche buena.
Los chiquillos estaban pendientes de los movimientos de su abuelo. Todos los años hacia lo mismo; cuando se cansaba de quejarse una y mil veces del frió que hacia, les contaba la historia: de un rey, que era muy malo con los niños y de una estrella que guiaba a los magos desde el lejano Oriente hasta Belén. Cuando se alborotaban; entraba la abuela y les recordaba que los camellos de los Reyes estaban cargados de juguetes solo para los niños
buenos y que habia mucho carbón para los malos. Después le daba un traguito de aguardiente al a
buelo y todos otra vez, contentos.
Gran Canaria
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Soy del sur de España: De una tierra que por primavera se enciende y arde desde Junio a Septiembre.
Mi tierra, vive a la sombra de olivares y encinares, en una “maraña” de caminos y senderos que hablan de leyendas gitanas y bandoleros. De patios encalados salpicados de macetas, de aromas de azahar; de santos de rejas, de callejuelas empedradas y gentes que ahogan penas y amores en las cuerdas de una guitarra.
Es tierra que el Guadalquivir refresca; los cimientos islámicos que sostienen campanarios de Iglesias.
Así, es mi tierra. Tierra de corazón ardiente al sur de Sierra Morena.
***///***
La confidencia
Espero el momento que ella creyó mas oportuno y sigilosa ; se acercó hasta a mí, miró a nuestro alrededor asegurándose de que nadie podía oirla y confidencialmente, me soltó:_ !escríbeme una poesía... Escríbeme algo! Mi sorpresa fue mayúscula y me deje caer en el respaldo de la silla mirándola fijamente. _ Que sea cortito, de pocas palabras, insistió dejándome muy claro que no quería una negativa. Yo, me reí de la ocurrencia y por lo inesperado de la petición. _ Por favor , pidió cortando mi risa irónica. _Es para un amor que se va. Escríbeme algo bonito, yo no se hacerlo.
Me hizo sentir una especie de ternura y respetando el tono confidencial que ella estaba empleando conmigo le pregunté: cuéntame, ¿ Donde lo concites, que te hace sentir ? Tienes que hablarme de el, yo no puedo expresar en un papel lo que tu sientes, si no lo haces llegar hasta a mi. _Es, un amor sin ataduras, ( comenzó a decirme). Un amor que en tan sólo unas horas, durante unos meses; me ha dado más, mucho más; que aquel que puso un anillo en mi dedo y me llevó a un altar.
No dejó de sorprenderme, ni un solo momento. Ella es una chica seria, que desde la ruptura de su matrimonio, había estado más sola que “la una”. Sola e inquieta. Y yo, tenia delante a una mujer: atrevida, descarada, radiante, enamorada y sobretodo, !Viva! Con una fuerza arrolladora.
Ella confió en mí, y yo; no me atrevo a decirle, hasta donde he llevado sus confidencias. Espero, que sea generosa y comprensiva con mi atrevimiento. Al igual que yo lo fui con ese amor de unos dias que ella gozó, y yo entendí.
AMAR
Fue ese duende que llevas contigo
El que me hizo clavar la mirada en ti
Me mírate; y respondí
Tu nombre y el mío, se encontraron
Y en la rutina de una noche de copas; se enrredarón
Sin ataduras; libres
Como esas palabras: dulces y jugosas
Que derramas en mi pelo y en mi cuello.
Por ti...salté barreras
Y me zambullí en el mar de tus ojos
Te vas: dejando las huellas de tus manos en mi cuerpo
Y el fuego, de tus besos en mis labios
Besos; que templaran mis noches solitarias y frías de invierno
! Y mil locuras, que llenarán de ti mis recuerdos!
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La gran aventura
Me sentía inquieta: una sensación nada extraña para mí.
Me acerqué al umbral y di unos golpecitos en la puerta, una voz, me invitó a entrar, y “soltando” unas buenas tardes que nadie “atrapó” entré en la biblioteca. De las pocas personas que había dentro, la mayoría eran conocidas para mí. Di un par de besos e inmediatamente aplasté mi trasero en la silla más cercana. Durante unos segundos me desplacé de acá para allá por el asiento de madera buscando un poco de comodidad que no encontré.
Después mire con curiosidad a la persona que iba a dedicar parte de su tiempo y conocimientos de escritor con adultos que no solamente “arrastran años”.
¿No se lo que esperaba encontrar? yo tenia delante de mi, un hombre de aspecto sencillo, abierto al dialogo y con cierta picaresca que siempre es agradable escuchar. Para una “charlatana” como yo; escuchar y callar fue toda una experiencia.
Cuando me hablaron del proyecto europeo, me pareció una gran aventura, y teniendo en cuenta que todas las aventuras de mi vida habían salido de mi imaginación no tuve la menor de las dudas. Todos los días, no se tiene la oportunidad de compartir con un personaje de las “letras”: narraciones, ideas, pensamientos, poesía… y yo “lo tenia al alcance de mis manos,” eso era mas que suficiente. Y me dispuse a “vivir” la experiencia que me brindaban.
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Mi tierra
Soy del sur de España: de una tierra que por primavera se enciende y arde desde Junio a Septiembre.
Mi tierra, vive a la sombra de olivares y encinares, en una “maraña” de caminos y senderos que hablan de leyendas gitanas y bandoleros. De patios encalados salpicados de macetas, de aromas de azahar; de santos de rejas, de callejuelas empedradas y gentes que ahogan penas y amores en las cuerdas de una guitarra.
Es tierra que el Guadalquivir refresca; los cimientos islámicos que sostienen jcampanarios de Iglesias.
Así, es mi tierra. Tierra de corazón ardiente al sur de Sierra Morena.
La escuela de la imaginación
La luz de la tarde, entraba a través del cristal de la ventana llenando el salón.
El griterío de niños que juegan en un parque cercano, llegaba lejano hasta a mí.
Estaba sola en la casa ¡Justo lo que necesitaba! Y me “abandoné” en un cómodo sillón.
Cerré los ojos y me perdí; en una “maraña” de pensamientos, que me llevaron hasta los primeros años de mi vida. Allí: busqué el cuento que nadie me contó y solo hallé: una infancia que se perdió en un mar de soledades. Y, a una niña solitaria que “volaba” entre juegos, historias y leyendas.
Hoy, mi imaginación va y viene llenando algún que otro vació e incluso me entretiene.
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Pepi Iñigo Fernández
EL PARTO
Era el día primero del mes de Junio. En el rostro de mi padre había lágrimas y preocupación. Después de toda una noche de parto, mi madre; empapada en sudor se retorcía de dolor entre sábanas de hilo y puntillas de encajes. Cuando aquel tormento tocó los limites de su resistencia, mi madre: perdió el conocimiento.
El dolor y la preocupación le pesaban a mi padre y sin embargo; sus pasos eran firmes, seguros, mas que caminar devoraba las calles solitarias. Era tarde de toros y media Córdoba estaba en la plaza de Los Tejares, la otra media: sesteando dentro de las casas, adormecidos; tras la penumbra intima y única de los enrejados de las celosías.
El calor era sofocante; insoportable, los adoquines ardían, y caminar por las calles a esa hora, era peor que un castigo divino. Mi padre: lo hacia insensible a todo lo que le rodeaba, como solo un hombre enamorado y desesperado sabe hacerlo: con los cinco sentidos en cada paso que daba. A si, entró en la Plaza de Capuchinos, al pasar delante del Cristo de los Faroles; aquellos ojos grises, le suplicaron encendidos. Y la plegaria, fue suficiente para enternecer al Cristo de piedra.
Me contaron: que pesé mas de cinco kilos al nacer. Que el médico; estaba en la plaza de Los Tejares presenciando la corrida de aquella tarde. Que yo, era una niña preciosa y en mis ojos había dos trocitos de cielo.
Me hablaron de felicidad, de fiesta, de tarde castiza de toros... Pero nadie me habló: que aquel día y en aquella cama se libró una gran batalla entre la vida y la muerte. De eso nadie me habló. Nadie me habló, pero yo lo sé.
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La noche de San Juan
Entre amigos, cervezas y alborotó comenzó la noche. Había sido un buen día, todos parecían satisfechos e indiferentes a las horas que una a una iban quedándose a tras. Fue de repente: Alguien con gran entusiasmo gritó alterando los ánimos de todos !A los coches, nos vamos a Triana! Fue como activar un resorte: Saltaron de los asientos y en un “santi-amén” guardaron cartones y judías. A trompicones, me pusieron al corriente y uniéndome al revuelo, me dejé llevar hacia mi primera noche “mágica”. La imaginación comenzó a disparárseme y, la noche de Sª Juan: En busca de misterios a una playa fui, en la orilla sembrada de piedras me senté, miré al cielo y en una luna; grandiosa, brillante y clara, busqué brujas que no encontré. El mar: Un poco inquieto se agitaba y las olas al romper contra las rocas con las espumas me “tocaban”. Todos , reían y saltabam alrededor de una hoguera; una hoguera, ardiente y alegre... Alegre, como de fiestas y de sus maderas secas, saltaban chispas traviesas y !Por Sª Juan! Que bajo la luna clara yo ví en aquel fuego, mas estrellas que en el cielo.
Brujas de rituales y hechizos en la noche no encontré pero...el mar: Me susurraba y las estrellas del cielo en la hoguera saltaban.
La noche de Sª Juan
Me senté en una playa
Y todo su embrujo sentí
Bajo la luna clara
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La noche buena
!Hace un frió de “mil demonios”! ( refunfuñó frotándose las manos). En la boca, todavía tenia el saborcito dulzón del traguito del aguardiente que acababa de saborear. Y las posaderas, cómodamente aplastadas en el asiento de aneas. La silla, era una antigualla de madera pintada en tonos verdes y naranjas; una auténtica reliquia andaluz desvencijada por el uso y los años. Enrique: Estaba despatarrado, con el bracero entre las piernas; los pantalones de pana, el chaleco de lana y las alpargatas de paño apretadas al calcetín gracias a un elástico negro que “Su Lola” había cosido en cada uno de los bordes cuando todavía estaban enteras. Tenia delante de él a sus sietecitos que no eran pocos, el tesoro mas valioso de su vejez. Siempre hambrientos e insaciables y sobre todo inmunes alas heladas que estaban cayendo. Cogió la paleta de hierro y removió el picon del bracero. Uno a uno los fue mirando; estaban felices, devorando todo lo que la abuela les había puesto en el plato, con las mejillas sonrojadas llenos de vida y él, hecho un “carcamal” que no conseguía calentar los huesos de su cuerpo y para desgracia suya, lo único calentito que tenía eran los sabañones de los pies, que le picaban “a rabiar”.
Las mujeres trajinaban en la cocina y él tenia que mantener a raya a “cinco mocosos” que eran su orgullo. La boca se le hizo agua cuando hasta él llegó el aroma del aceite y la canela de los pestiños. El de los ajos, cominos y laurel, en hervores de buen vino de cazuelas de barro. La casa se llenó de buenos olores, de los olores de una noche buena.
Los chiquillos estaban pendientes de los movimientos de su abuelo. Todos los años hacia lo mismo; cuando se cansaba de quejarse una y mil veces del frió que hacia, les contaba la historia: de un rey, que era muy malo con los niños y de una estrella que guiaba a los magos desde el lejano Oriente hasta Belén. Cuando se alborotaban; entraba la abuela y les recordaba que los camellos de los Reyes estaban cargados de juguetes solo para los niños buenos y que había mucho carbón para los malos. Después le daba un traguito de aguardiente al abuelo y todos otra vez, tranquilos y contentos.
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